sábado, 30 de junio de 2012

LIVIN' THE DREAM


CAPITULO 39: JUST DON’T KNOW IT (PARTE 1)

"Oh, you won't see me break, Won't make that mistake, Oh no. I'll just walk away, There’s too much at stake right now. I go on and on, singing this song about you"
Sentía como el dolor atravesaba mi corazón como si se tratara de un cristal. Era demasiado, no sabía si podría soportarlo. Corrí con más fuerza, las lagrimas cayendo por mis mejillas, en un intento por dejar atrás mis sentimientos. Sabía que por mucho que corriese, no podría escapar pero el hecho de poner distancia me reconfortaba, un poco. Estaba cansada, muy cansada aunque no por el esfuerzo físico. No, era un cansancio mucho más profundo. Era el cansancio de ocultar mis sentimientos por Nick, y de tratar de disiparlos. Por mucho que lo intentase, mi corazón se resistía a olvidarlo. Lo único que podía hacer era huir, alejarme antes de que las heridas fuesen demasiado profundas como para cicatrizar…si no lo eran ya. Dicen que nada es más doloroso que un amor no correspondido pero se equivocan. Hay algo mucho más atormentador: Saber que la persona a la que amas, aquella por la que serías capaz de dar todo, te desprecia intensamente. Eso si era terrible. Si Nick solo no me amara, podría soportarlo. Ver en cambio su odio, era mucho más de lo que podía soportar.
¿Por qué? Me pregunté por trigésima vez. A pesar de saber que no obtendría una respuesta mi mente parecía incapaz de volver al tema una y otra vez. Y esto solo acrecentaba el dolor. De Nick podría escapar, pero de mis pensamientos, de mis sentimientos no pues eran una parte de mi misma. Era tiempo de enfrentar la situación. Ya no podía eludirla más porque acabaría como pinocho: con un corazón de madera. Así que, por mucho que costara, solo había una cosa que podría hacer: Regresar.
Sentí como una lengua me rosaba la mejilla. Era Elvis, el perro de Nick que alertado de mi estado de ánimo se esforzaba por consolarme. Distraídamente lo acaricié mientras intentaba recordar en qué momento de mi desesperada huida mis pies se habían detenido y recostado contra el suelo.
-¿Por qué me pasa esto Elvis?- me quejé. El hermoso Golden Retriever ladeó su cabeza y me observó con curiosidad.
-Sabes- continué- dicen que los perros se parecen a sus dueños. Pero tú debes ser una excepción porque sino tendrías que estar gruñéndome. 
En ese momento Elvis se lanzó sobre mí, lamiéndome la cara con intensidad. Yo lo abracé.
-Te extrañaré pequeño- susurré nuevamente con los ojos empañados.
-¿Por qué? ¿Dónde piensas ir?- preguntó repentinamente una profunda voz.


No hay comentarios:

Publicar un comentario