martes, 5 de junio de 2012

LIVIN' THE DREAM


CAPITULO 8: BLACK KEYS

Cause the black keys never looked so beautiful

Salí del concurrido salón. Estaba agobiada pero no tanto por la cantidad de gente sino por las personas que allí estaban. Todos esos famosos, muchos de los cuales eran mis ídolos. Era demasiado surreal, mi cerebro se negaba a creer que fuese otra cosa mas que un sueño. Por ello necesitaba un poco de aire…. Y de silencio. Quizás así pudiera asimilar lo que me estaba sucediendo.
Caminé unos cuantos pasos por un estrecho pasillo que, si no me confundía, desembocaría en la cocina, donde estaba la puerta para el parque. Pero después de unos minutos llegué a la conclusión de que muy probablemente me habría confundido. Bueno, nadie podía culparme por ello, después de todo esta casa parecía mas una mansión de película de Hollywood; y solo era la segunda vez que estaba allí. La primera había sido el día anterior, cuando Joe me había llevado para que conociera a su familia. Y si bien había ejercido muy bien su rol de anfitrión, ni con un tour de 24 hs habría podido conocer todos los rincones de aquella hermosa casa.
Había decidido que lo más conveniente era volver sobre mis pasos y pedir indicaciones a alguien, Big Rob sería una buena opción, cuando el sonido de una melodía que se filtró por mis oídos, captó mi atención. Era una melodía suave y delicada, semejante a una nana, aunque pude identificar un dejo de melancolía en ciertas notas. A pesar de todo era el sonido mas hermoso del universo.
 Sin que fuera consciente de mis movimientos, me dirigí hacia el lugar de donde provenía. Estaba hipnotizada por la belleza de ese sonido, tanto que de solo pensar que pudiera llegar a concluir en algún momento, me entraron unas ganas tremendas de echarme a llorar. No podía concluir. Así que me acerque sigilosamente al marco de la puerta para no interrumpir al artista de semejante obra maestra; no quería asustarlo o intimidarlo pues a lo mejor daba por finalizado su concierto.
Conteniendo la respiración, asomé mi cabeza a la habitación. Pero lo que vi, me quito el aliento. Estaba frente a un cuarto equipado con toda clase de instrumentos musicales. A la izquierda, colocadas en hileras, había lo que parecían ser más de veinte guitarras, de todos los colores y formas que pudieran imaginar. A su lado se erigía, imponente una batería preciosa. Pero sin lugar a dudas no se podía comparar a lo que se hallaba en  el centro de la habitación. Un sofisticado piano de cola blanco ocupaba el plano central. Era tan hermoso que me pregunté cómo era posible que no lo hubiese visto antes. Sin embargo, mi atención se vio desviada hacia el sujeto que desplazaba ágilmente sus manos sobre él, acariciando las teclas con profunda devoción. Ahora ya sabía de dónde provenía la hermosa melodía que me había deleitado, y continuaba haciéndolo; por lo tanto me restaba averiguar quién era el maravilloso ser que estaba enfrente mío.
Lo miré más detenidamente, decidida a grabar en mi memoria el lento movimiento de su cuerpo al tocar cada nota. Había algo que me resultaba bastante familiar en él, en su forma de sentir la música, e incluso en su  contextura física. Pero rápidamente deseché esa idea, después de todo era imposible que lo conociera si ni siquiera estaba en mi país. Fruncí el ceño y me concentré. ¿A quién me recordaba?
Las últimas notas fugaces se perdieron en el aire. Era una pena que la canción hubiese terminado pero aun restaba la posibilidad que el muchacho tocase otra melodía. Deseaba que así fuera pero cuando vi que esté se disponía ponerse en pie, comprendí desilusionada que era el final. Decidí que lo mejor sería marcharme antes de que se girase y pudiera verme allí, apostilladla sobre el marco de la puerta ya que no quería quedar como una fisgona que se mete donde no la llaman; pero antes de que pudiera emprender mi camino de regreso al salón una imagen cruzó por mi mente.
No .Era una locura. No podía ser él. Empero, aun y cuando me negase a creerlo, sabia la verdad. Su físico, su porte, su forma de moverse, de tocar, incluso la melodía; todo coincidia. Era él.
-Nick….- susurré.

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