CAPITULO
8: BLACK KEYS
‘Cause the black keys never looked so beautiful
Salí del concurrido salón. Estaba
agobiada pero no tanto por la cantidad de gente sino por las personas que allí
estaban. Todos esos famosos, muchos de los cuales eran mis ídolos. Era
demasiado surreal, mi cerebro se negaba a creer que fuese otra cosa mas que un
sueño. Por ello necesitaba un poco de aire…. Y de silencio. Quizás así pudiera
asimilar lo que me estaba sucediendo.
Caminé unos cuantos pasos por un
estrecho pasillo que, si no me confundía, desembocaría en la cocina, donde
estaba la puerta para el parque. Pero después de unos minutos llegué a la
conclusión de que muy probablemente me habría confundido. Bueno, nadie podía
culparme por ello, después de todo esta casa parecía mas una mansión de
película de Hollywood; y solo era la segunda vez que estaba allí. La primera
había sido el día anterior, cuando Joe me había llevado para que conociera a su
familia. Y si bien había ejercido muy bien su rol de anfitrión, ni con un tour
de 24 hs habría podido conocer todos los rincones de aquella hermosa casa.
Había decidido que lo más
conveniente era volver sobre mis pasos y pedir indicaciones a alguien, Big Rob
sería una buena opción, cuando el sonido de una melodía que se filtró por mis
oídos, captó mi atención. Era una melodía suave y delicada, semejante a una
nana, aunque pude identificar un dejo de melancolía en ciertas notas. A pesar
de todo era el sonido mas hermoso del universo.
Sin que fuera consciente de mis movimientos,
me dirigí hacia el lugar de donde provenía. Estaba hipnotizada por la belleza
de ese sonido, tanto que de solo pensar que pudiera llegar a concluir en algún
momento, me entraron unas ganas tremendas de echarme a llorar. No podía
concluir. Así que me acerque sigilosamente al marco de la puerta para no
interrumpir al artista de semejante obra maestra; no quería asustarlo o
intimidarlo pues a lo mejor daba por finalizado su concierto.
Conteniendo la respiración, asomé
mi cabeza a la habitación. Pero lo que vi, me quito el aliento. Estaba frente a
un cuarto equipado con toda clase de instrumentos musicales. A la izquierda,
colocadas en hileras, había lo que parecían ser más de veinte guitarras, de
todos los colores y formas que pudieran imaginar. A su lado se erigía,
imponente una batería preciosa. Pero sin lugar a dudas no se podía comparar a
lo que se hallaba en el centro de la
habitación. Un sofisticado piano de cola blanco ocupaba el plano central. Era
tan hermoso que me pregunté cómo era posible que no lo hubiese visto antes. Sin
embargo, mi atención se vio desviada hacia el sujeto que desplazaba ágilmente
sus manos sobre él, acariciando las teclas con profunda devoción. Ahora ya
sabía de dónde provenía la hermosa melodía que me había deleitado, y continuaba
haciéndolo; por lo tanto me restaba averiguar quién era el maravilloso ser que
estaba enfrente mío.
Lo miré más detenidamente,
decidida a grabar en mi memoria el lento movimiento de su cuerpo al tocar cada
nota. Había algo que me resultaba bastante familiar en él, en su forma de
sentir la música, e incluso en su
contextura física. Pero rápidamente deseché esa idea, después de todo era
imposible que lo conociera si ni siquiera estaba en mi país. Fruncí el ceño y
me concentré. ¿A quién me recordaba?
Las últimas notas fugaces se
perdieron en el aire. Era una pena que la canción hubiese terminado pero aun
restaba la posibilidad que el muchacho tocase otra melodía. Deseaba que así
fuera pero cuando vi que esté se disponía ponerse en pie, comprendí
desilusionada que era el final. Decidí que lo mejor sería marcharme antes de
que se girase y pudiera verme allí, apostilladla sobre el marco de la puerta ya
que no quería quedar como una fisgona que se mete donde no la llaman; pero
antes de que pudiera emprender mi camino de regreso al salón una imagen cruzó
por mi mente.
No .Era una locura. No podía ser
él. Empero, aun y cuando me negase a creerlo, sabia la verdad. Su físico, su
porte, su forma de moverse, de tocar, incluso la melodía; todo coincidia. Era él.
-Nick….- susurré.
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