CAPITULO 3: 6 MINUTES
"I need six minutes with you"
Si alguien me hubiese dicho que Nick Jonas es más hermoso aun en persona le habría respondido que eso era imposible, después de así como no hay nada más grande que el infinito, no existe nada más perfecto que la perfección en sí misma; pero viéndolo allí, frente a mi, dormido plácidamente pude descubrir cuan equivocada estaba. Su rostro inmaculado irradiaba una belleza que los lentes de las cámaras no habían sido capaces de capturar, algo fuera de este mundo. Tenía una media sonrisa en la comisura de sus labios, indicio de que estaba teniendo un sueño agradable. Me pregunté que estaría imaginando para estar tan feliz. Sin duda si fuese yo la que estuviese en su lugar, estaría soñando con él. Una súbita tristeza me inundó. Deseaba tanto que fuera yo la causante de sus sonrisas…
Indecisa me acerqué a su cama. Sabía que estaba invadiendo su privacidad pero no podía evitarlo. Al fin, después de tantos años soñando con él lo podía ver y lo mejor de todo es que era un espectáculo privado ya que solo estaba yo. No me dí cuenta de cuánto había avanzado hasta que noté que mi rodilla rozaba las sabanas.
De repente, como si hubiese sentido mi presencia allí, Nick se giró hacia donde estaba. Me quedé petrificada, conteniendo la respiración, incapaz de moverme, incapaz de hacer algo más productivo como esconderme para que no me viera. Estaba muerta. Cerré los ojos y me dispuse a escuchar mi castigo, bueno, en realidad a aceptar las consecuencias de haberme colado en su habitación (las cuales seguramente implicarían el ser arrastrada fuera del hotel y una prohibición de acercarme a menos de 200 metros). Sin embargo los segundos pasaron y nada ocurrió. Era imposible que no me hubiese visto, pero quizás era demasiado amable para gritarme. Lentamente abrí los ojos, esperando encontrarme con una mirada cargada de furia, o cuanto menos de reproche; pero solo me encontré con sus párpados. Seguía dormido.
La tensión abandonó mi cuerpo, y también la fuerza. Mis rodillas comenzaron a ceder, y crei que me caería. Para evitarlo, me senté sobre la cama y aflojé el pañuelo de modo que solo me cubriera el mentón y me permitiera respirar mejor. Por un segundo olvidé que allí se hallaba tendido mi ídolo. Cuando comprendí mi error, me giré para mirarlo, cruzando los dedos porque mi descuido no lo hubiese despertado, y descubrí, demasiado tarde que su rostro estaba a tan solo unos centímetros del mío, por lo que no pude evitar que mis labios rozaran los suyos. Sentí como si un rayo me hubiese dado de lleno. Todo era electricidad y calidez.
Un golpe proveniente de la puerta me sobresaltó e hizo que comprendiera lo que sucedía. Avergonzada me aparté. Vi que Nick me miraba con los ojos muy abiertos. Estaba sorprendido, y era natural. Podía apostar a que no estaba acostumbrado a despertarse con el beso de una desconocida. ¡Ay pero qué vergüenza! Vi como abría la boca para decir algo, pero antes de que pudiera hablar se oyó otro golpe en la puerta, esta vez seguido de una amenaza.
-Nicholas Jerry Jonas Miller ¡Abre la puerta en este instante!
Genial. Seguro que se habían dado cuenta de que yo no era una empleada sino una intrusa y venían a buscarme. Ahora si que podía darme por muerta. Volví la vista a Nick y debió de haber comprendido mi temor porque me señaló una puerta escondida al otro extremo de la habitación antes de responder tranquilamente:
-Ya voy.
No sé lo que sucedió a continuación porque para cuando los guardias ingresaron al cuarto yo ya me hallaba descendiendo por las escaleras de servicio a la carrera. Solo una cosa rondaba por mi mente. Seis minutos. En tan solo seis minutos ese hermoso ser humano había logrado poner mi mundo de cabeza.
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