CAPITULO 2 (PARANOID)
"I must be paranoid"
-¡No puedo creer que me hayas convencido de hacer esto!- se quejó mi BFF
-Ay vamos, ¡ni que fuera para tanto! Además si funciona (y funcionará) la recompensa va a superar con creces este “pequeño percance”.
-En primer lugar tener que fingir un desmayo CREIBLE en medio de todo un arsenal de guardias no es lo que yo llamaría un “pequeño percance” precisamente. Y en segundo lugar, las posibilidades de que este plan funcione son menos mil. Sé realista _____ (apodo), aún y cuando mi actuación lograra engañar a los guardias de seguridad, te queda un largo trecho hasta la meta. Y digamos que con lo exigentes que son aquí, dudo que los empleados del Four Seasons no descubran un plan que tranquilamente podría haber armado ¡una niña de 6 años!
-¡Hey! No hay por qué ser cruel. Además para tu información siempre pasa desapercibido lo que está a la vista. Todos los psicólogos lo dicen. Si mi plan es tan predecible como crees, entonces lo tacharan de absurdo, se convencerán de que nadie lo llevaría a cabo. ¡VES! Llevamos las de ganar.
-OK. Pero después no digas que no te lo advertí- se quejó mi amiga antes de comenzar a prepararse para la Fase 1. Es que me conocía demasiado bien y sabia que cuando me ponía tozuda no había nada que lograra hacerme cambiar de opinión; y este era uno de esos momentos. Desde mi escondite junto a la pared, en el ala derecha del edificio aguardé a que mi amiga comenzara con su parte: Ella fingiría un desmayo para acaparar la atención de los custodios que estaban apostados en la entrada del edificio, para darme la posibilidad de colarme por la ventana que tenia junto a mi sin ser vista. Una vez dentro recorrería el extenso corredor hasta la última puerta de la izquierda, donde sabia estaba la lavandería; pero debería ser rápida ya que dudo que mi amiga pudiera entretenerlos más de un minuto.
Ansiosa aguardé a que se hubiese posicionado en su lugar, y comencé a contar mentalmente “3,2,1… ya” Me colé en el interior del lujoso hotel y obligué a mis piernas a que se desplazaran a toda velocidad. Maldije la longitud del pasillo asi como mi estado físico. Por un momento creí que no lo lograría. El jaleo del exterior se había acabado por lo que supuse que mi amiga habría reaccionado tras su “desmayó”. Eso significaba que solo era cuestión de segundos antes de que los guardias volviesen a su posición original, y a un me quedaba por recorrer la mitad del trecho. Tenía que lograrlo, era mi oportunidad, quizás la única, para conocer a los Jonas, y no dejaría que nada me lo impidiese. Milagrosamente logré alcanzar el cuarto justo cuando oí el ruido de pisadas en la entrada. Cautelosamente cerré la puerta y encendí la luz. ¡Lo había conseguido! Ahora solo tenía que comenzar con la Fase 2.
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Me miré en el espejo por última vez para asegurarme de que todo estuviera perfecto, después de todo hasta el más mínimo detalle era crucial. Por suerte había encontrado un uniforme que era de mi talla pero seguía con el inconveniente del rostro; es decir, quizá pasara desapercibida vistiendo igual que todos los empleados pero si alguno de ellos me miraba con atención no descubriría ningún rostro conocido, y eso podría despertar sospechas, lo cual no necesitaba. Lancé un suspiro y comencé a rebuscar entre las prendas sucias algo que pudiera resultarme útil, hasta que una en particular llamó mi atención; era de un intenso color amarillo. Sin dudarlo la saqué y la enrosqué sobre mi cuello, cubriendo mi boca y parte de la nariz. Satisfecha con la protección que me brindaba ese pañuelo, salí de la habitación, tomé el carrito de limpieza que estaba en la puerta y me encaminé hacia el ascensor. Rogué por que las fans con las que había estado hablando más temprano no se hubiesen confundido y oprimí el botón que me llevaría al quinto piso.
Cuando las puertas del elevador se abrieron supe que estaba en el lugar indicado. No solo por el lujo que se observaba en aquel pasillo, ni por el cartel con letras doradas que anunciaba que estaba en el PentHouse sino porque allí también había un ejército de custodios. Y encabezando el mismo estaba ¡BIG ROB! Esto si que no lo había previsto. Bueno, al mal tiempo buena cara ¿no? Tomé coraje y avancé hasta la entrada de la habitación. Como imaginé que sucedería, inmediatamente dos guardias me bloquearon el paso.
-¿Room Service?- dije mas como una pregunta que como una afirmación.
Big Rob me clavó la mirada. De seguro le extrañó mi vestimenta (digamos que el pañuelo no pasaba desapercibido). Luego de unos minutos debe haber llegado a la conclusión de que yo no podía representar ninguna amenaza significativa y me dejó pasar.
Pero nada me hubiese preparado jamás para lo que vieron mis ojos cuando crucé el umbral.
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