LUCKY
-¡No puedo creer que me hayas convencido de ayudarte a cargar todos esos trastos!- me quejé, dejándome caer sobre el sillón del nuevo apartamento de mi mejor amigo.
-Hey, ¡tampoco fue para tanto! Eres una exagerada- dijo, recostándose a mi lado. Sus brazos se cernieron en torno a mi cintura.
-¡¿Exagerada?! ¿Acaso contaste cuantas cajas subimos?- pregunté. Joe puso los ojos en blancos- ¡Cincuenta!
-Y seguro que la mayoría eran de zapatos- añadí.
- ¿Acaso te estás burlando de mí?- Lo miré. Tenía una ceja levantada y su sonrisa ladeada. “Oh, no, esto no es nada bueno”
-No, solo te estoy diciendo que eres un tanto…. Déjame buscar la palabra indicada…-dije colocando una mano en mi cabeza-¡Ah, sí! ¡¡Obsesivo!!
Los ojos de Joe se oscurecieron y mi corazón se aceleró. Hacía once años que conocía a Joseph Adam Jonas, por lo que sabía todo acerca de él. Desde cuál era su comida favorita hasta que película lo hacía llorar; con solo mirarlo a los ojos bastaba para que descubriese cuando había tenido un mal día, o había algo que lo preocupaba. Por la forma en que sonreía podía descubrir cuando estaba contento, o cuando fingía. Y por la forma en que brillaban sus ojos, podía determinar cuándo estaba planeando algo. Cómo en aquel mismo instante.
-Ay ______ ¿cuándo entenderás que no puedes burlarte de Danger sin sufrir las consecuencias?- dijo apretando con más fuerza los brazos que rodeaban mi cintura. Intenté escapar, deshacerme del abrazo que me tenía inmovilizada. Pero fue imposible. Y no era extraño, digo ¡¿han visto sus músculos?!
-Ya Joe. Suéltame- le pedí.
Él solo negó con la cabeza.
-Joe…- advertí.
-Eso no va a funcionar conmigo, _____ - explicó con una gran sonrisa en su rostro – Has sido muy mala con tu mejor amigo, y ahora recibirás un castigo por ello.
Suspiré.
- Joseph…- insistí. Joseph. Solo lo llamaba por su nombre completo cuando estaba molesta. Y no es que en ese momento estuviese precisamente enojada, es solo que estaba nerviosa. Tan nerviosa que podía oír el latido de mi corazón al retumbar en mí pecho. ¿Y por qué estaba nerviosa? Sencillo: Hacía once años que estaba secretamente enamorada de mi mejor amigo. ¿Trágico verdad? ¿Y cómo lo había descubierto? Mmmm... Cuando lo vi besar a su novia y sentí que mi mundo se venía abajo. Con el paso del tiempo comprendí que es cierto el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente” asi que hice lo único que pude haber hecho: cerrar los ojos a la verdad. ¿Y cómo? Bueno, déjenme decirles que no había sido nada sencillo. Pero lo había logrado. Cada vez que Joe me hablaba de una chica que le gustaba yo solo cambiaba de conversación. Y si me decía de presentármela, yo solo ponía alguna tonta excusa como “oh lo siento pero tengo tarea” o “perdón pero tengo una cita”. Si alguna vez Joe sospechó algo, jamás lo dijo. Y con el correr de los años, la situación se fue tornando más sencilla. Ello no quiere decir que mis sentimientos hacia él hayan desaparecido; no. Sólo he aprendido a ocultarlos.
Sin embargo, en ocasiones mis sentimientos amenazan con escapar. Como en ese mismo momento.
Lentamente coloqué mis manos en el pecho de Joe y empujé, esforzándome por destruir la prisión de sus brazos. Joe me miró divertido y me acercó más. Nuestros cuerpos quedaron a solo unos centímetros, su rostro tan cerca del mío que podía sentir su aliento mezclándose con el mío. Nuestras miradas se encontraron y me perdí en ese mar de chocolate fundido. Por el rabillo del ojo noté como desaparecía la sonrisa de Joe, siendo reemplazada por un gesto serio. El tiempo se detuvo mientras nosotros permanecíamos inmóviles, observándonos, como si jamás nos hubiésemos visto antes. Y cuando su mirada se posó en mis labios, fui incapaz de pensar con claridad. Me descubrí a mi misma conteniendo la respiración, mientras mi mejor amigo acortaba la escasa distancia que nos separaba.
**************************************
- Si quieres torturar a alguien al menos deberías buscar un método más efectivo. Algo quizás que no implique el ser aplastada- dije rompiendo el hechizo. Joe se apartó de un salto, liberándome. Parecía sorprendido, como si hubiese sido despertado en mitad de un sueño, y un ligero rubor cubría sus mejillas. Aparté la mirada, incapaz de seguir observando su hermoso rostro.
Por unos segundos, ninguno dijo nada.
- ¿Y qué sugieres?- preguntó al fin Joe, rompiendo el silencio. Yo lo miré, intentando comprender a qué se refería “¡Ah, si! El castigo”
-No lo sé. Tú eres el de gran imaginación aquí ¿lo olvidas?- dije en burla. Necesitaba terminar con la tensión que inundaba el ambiente, para volver a sentirme cómoda junto a Joe; necesitaba que las cosas volvieran a su lugar.
Mi mejor amigo me observó, pensativo.
-Creo que ya sé lo que haré contigo- sentenció con esa sonrisa que hacía que mi corazón se detuviera por unos segundos.
-Esto no me va a gustar nada- suspiré.
****************************************
-¡¿Qué tu qué?! ¡Debes estar bromeando!
-Por supuesto que no.
-Pero… ¡Sabes que odio cocinar! Además soy malísima- protesté.
-Nunca mejorarás si no prácticas- replicó Joe- Ven, yo te enseñaré. Será divertido.
-Por lo menos dime que tienes un extintor cerca- dije, dándome por vencida.
Joe se rió.
-Si lo tuviera, ya lo habría usado- expresó guiñándome un ojo. Yo lo miré desconcertada, lo que provocó una carcajada.
-Olvídalo. Empecemos.
-Wiiiiiii- ironicé.
-¿Y se puede saber que vamos a preparar chef?
-Pizza- respondió.
“Al menos algo rico” pensé.
-Lo primero que vamos a hacer es preparar la salsa-dijo abriendo la heladera.
-¿Qué sucede?- pregunté al verlo reír.
-Olvidé que acabo de mudarme- Arqué las cejas
-La heladera está vacía- explicó.
Solté una carcajada.
-Es el destino diciéndome “no cocines”.
-Si, ___. Seguro- comentó mi amigo- Bueno creo que tendremos que reorganizar nuestro plan: Primero iremos a comprar los ingredientes.
-¡Que inteligente, Sherlock!- me burlé golpeando levemente su brazo.
-Auch- se quejó
- Nuevo cambio de planes. Primero iremos al médico- bromeó.
-Ya vamos- dije- Cuanto antes empecemos, antes terminaremos.
-Dramática- lo oí murmurar entre dientes al salir del apartamento.
******************************
Suspiré. Esta era la tercera vez en media hora que un grupo de fans se acercaban a Joe para sacarse fotos con él. Al paso que íbamos, la pizza estaría lista para la semana siguiente. No me malinterpreten, adoro a las fans de los Jonas, porque gracias a ellas mi mejor amigo y sus hermanos pueden hacer lo que más aman en el mundo entero: cantar. Pero hay veces en que me gustaría poder caminar por las calles de Los Ángeles con mi mejor amigo sin que nadie nos interrumpiera; y sin que se tirasen en sus brazos, se cuelguen de su cuello e intenten besarlo.
Volví la mirada hacia donde estaba Joe; solo quedaba una fan. “Al fin” pensé. Pero al transcurrir los segundos comprendí que esta fan no estaba dispuesta a marcharse tan rápido. Y Joe tampoco parecía muy “aburrido”. De hecho, en ese preciso momento se estaban riendo a carcajadas de un estúpido truco que mi amigo había hecho y que consistía básicamente en hacer aparecer una flor detrás de la oreja de la joven. Enojada aparté la mirada y comencé a caminar de regreso al departamento. Estaba harta de Joe y sus flirteos. Buscaría la cartera que había dejado en su casa y me iría.
-¡_________! –lo oí llamarme, pero seguí caminando.
-¡_______!¡Espera! ¿A dónde vas?- gritó nuevamente y esta vez su voz se oyó más cercana. Apresuré el paso.
-¡______!-dijo por fin alcanzándome - ¿Qué sucede?
-¿En serio lo preguntas Joseph?- solté con rudeza.
Mi amigo me observó.
-¿Estas enojada?
-¿Tú qué crees?- le pregunté cruzándome de brazos.
-Es que no entiendo por qué estas enojada- respondió con el ceño fruncido.
-No tiene importancia- dije al fin y reemprendí el camino de regreso.
-¡Claro que tiene importancia!- insistió, caminando a mi lado.
-Dame una pista- presionó- Porque estoy confundido. Todo estaba perfecto hasta hace unos minutos cuando…
-¡Ah, Ya entiendo!- exclamó con una sonrisa triunfal – Fue por la chica esa ¿cierto?
No respondí.
-¡Estas celosa!
-¡¿Qué?!- exclamé- ¡Por favor!
-Ah ¿ no? Si no estás celosa entonces dime por qué te enojaste cuando me viste charlar con esa fan.
-¡Porque te olvidaste de mí y me dejaste plantada, esperándote!- grité.
-Vamos ____, admítelo. Estás celosa.
-Ya quisieras Joseph- respondí, fulminándolo con la mirada. Joe me observó, en completo silencio. Mi corazón latía desbocado y mis mejillas ardían.
-Tal vez tengas razón- murmuró al cabo de un momento.
**********************************
Luego de nuestra pelea, Joe me había convencido de terminar con las compras bajo la promesa de que ya nada se interpondría en el camino. Y la verdad es que, no fue una tarea muy complicada hacerme cambiar de opinión porque mi mente era una telaraña de ideas. Durante el resto de las compras, solo un pensamiento rondó por mi mente ¿Qué había querido decir Joe? ¿Se refería a que yo tenía razón en que no estaba celosa o a que tenía razón al decir que él quería que estuviera celosa? Ya no entendía nada.
Cuando conseguimos todo lo necesario, regresamos al apartamento. Cuando Joe había sugerido que cocinemos, me había negado, pero ahora no veía la hora de poner manos a la obra. Y no porque de un momento a otro la cocina se hubiese convertido en el amor de mi vida, sino porque sabía que sería un buen modo de dejar de pensar en Joe. En realidad, solo en sus palabras, porque era imposible dejar de pensar en Joe. Ya lo había intentado por todos los medios posibles, y nada funcionaba.
-Entonces, manos a la obra- dijo mi amigo, emocionado (¿les conté ya que adora cocinar?)- Lo primero que haremos será la salsa, ya que es lo que más tiempo tarda. Y mientras ésta se cocina, podremos preparar la masa de pizza.
-Toma- dijo pasándome los tomates- Córtalos en cubo mientras yo pico la cebolla ¿sí?
Asentí. Agarré una cuchilla y me dispuse a comenzar con mi labor.
-¡Espera!- el grito de Joe me sobresaltó.
- No quiero que te ensucies-explicó sosteniendo un delantal en la mano. Me acerqué hacia él para tomarlo pero Joe negó con la cabeza.
-Yo lo hago- dijo y me volteó. Lentamente introdujo el delantal sobre mi cabeza y lo deslizó sobre mi cuerpo. Sus brazos rozaron los míos, haciendo que la piel se me erizara. Sentí sus manos sobre mis caderas, anudando la prenda, y su respiración sobre mi garganta.
-Ya está preciosa- dijo, dándome un dulce beso en la mejilla antes de apartarse.
Lentamente caminé hacia la mesada, y recosté mi peso en ella. Las piernas me temblaban y sentía que en cualquier momento cederían bajo mi peso.
“Maldito Joe” pensé. Odiaba el poder que tenia sobre mí.
*********************************
-Ahora tenemos que aguardar a que la salsa esté lista- dijo Joe, tapando la sartén.
-¡Genial!- exclamé y comencé a caminar hacia el linving.
-¿A dónde crees que vas?
-Mmmm ¿al sillón?- pregunté confundida.
Joe soltó una carcajada.
-Muy graciosa. Ven aquí que tenemos que preparar la masa de la pizza. ¿O piensas comer una pizza sin masa?
-¡Arg!- me quejé.
-Vamos. Esta es la parte más divertida.
Giré los ojos.
-Alcánzame la harina por favor- me pidió. Tomé el paquete que estaba sobre la mesada y se lo tendí.
-¿Podrias echar un poquito aquí?- preguntó señalando el bols que tenía enfrente. Hice lo que me pedía.
-¿Un poquito más?- Agregué mas harina.
-¿Otro poco más?
Solté un bufido pero eché más.
-Solo otro poco- pidió con una sonrisa burlona en el rostro.
Lo miré. ¿Joe quería harina? Bueno, yo le daría harina. Y vacié el contenido sobre su cabeza.
-¡¡¡______!!!- gritó.
¡Tendrían que haber visto su cara! Fue increíble.
-Tú lo pediste- me advirtió, acercándose amenazante.
-No te atrevas- dije entre risas.
Pero no se detuvo, continuó avanzando hacia mí con el polvo de hornear en la mano.
Me giré y corrí fuera de la cocina, pero enseguida me atrapó en sus brazos y espolvoreó sobre mí el contenido del paquete. Lo miré. Sus ojos brillaban, y no pude evitar sonreír. Así, con el rostro cubierto de harina lucía adorable.
Joe levantó su mano y me acarició la mejilla. Allí donde su piel rozó la mia, sentí un cosquilleo que se extendió por todo el cuerpo.
-Sin duda, el blanco es tu color- comentó en un susurro.
*******************************
-Entonces la giras sobre tu mano y la lanzas al aire- explicó Joe y tomando la masa entre las manos me mostró cómo hacerlo. Yo lo observé anonadada.
-Ni sueñes que eso me va a salir- dije- Seguro se me cae todo.
-Oh vamos, no seas tan pesimista. Inténtalo.
-¿Y qué pasa si se queda pegada en el techo?- pregunté insegura.
-Dudo que eso ocurra- replicó con una sonrisa- Pero si es así, ya conoces el dicho “todo lo que sube, tiene que bajar”.
Suspiré.
-Está bien- acepté. Coloqué la masa sobre mi mano (que estaba cerrada por consejo de Joe) y, conteniendo la respiración, la lancé. ¿Les conté que tengo muy mala puntería? Bueno, como era de esperar, la masa voló por la cocina, y si no hubiese sido por los reflejos de Joe habría acabado estrellada en el piso.
-Te dije que no funcionaría- me quejé.
-Solo la lanzaste con mucha fuerza. Vamos, inténtalo de nuevo- dijo cerrando mi mano derecha y colocando la masa en su lugar.
-Pero…-protesté.
-Lo haré contigo- añadió. Lo observé caminar hacia mí y mi corazón comenzó a latir desbocado. Y cuando sus brazos cubrieron los míos, el aire escapó de mi pecho.
-¿Preparada?- preguntó. Su voz no fue más que un susurro pero fue suficiente para que mi cuerpo comenzara a temblar. Asentí. No confiaba en mi voz en ese momento. Su mano se cerró sobre la mía y juntos lanzamos la pizza al aire, para atraparla segundos más tarde.
-¡Perfecto!- exclamó con una inmensa sonrisa en el rostro. Una sonrisa que se extendió al mío.
- Si. ¡Porque hiciste todo el trabajo!- remarqué.
-No. Lo hicimos juntos- replicó mirándome – Hacemos un buen equipo.
*******************************
-¿Qué sigue?- pregunté luego de colocar la masa de la pizza en la asadera.
-Ahora tenemos que esperar a que leude- explicó- Así que tenemos un pequeño recreo.
- Pondré algo de música mientras esperamos- dijo encendiendo la radio.
La voz de Jason Mraz impregnó el aire, al ritmo de una de mis canciones favoritas “Lucky”. ¡Vaya si me sentía identificada con la letra! Era perfecta. Cerré los ojos y comencé a cantar por lo bajo.
Do you hear me? I'm talking to you
Across the water across the deep blue ocean
Under the open sky oh my, baby I'm trying
Boy I hear you in my dreams
I feel you whisper across the sea
I keep you with me in my heart.
You make it easier when life gets hard
Cada vez que oía esta canción, la imagen de Joe acudía a mi mente. Y ese era el único momento en que bajaba mis barreras y me permitía soñar con lo imposible. Solo durante los cuatro minutos que duraba la canción me permitía imaginar cómo sería mi vida si tan solo Joe sintiera por mí lo que yo siento por él. Sólo con la voz de Jason Mraz de fondo me permitía creer en lo imposible.
Sentí que alguien me tomaba de la mano. Abrí mis ojos. Joe estaba parado frente a mí, con sus ojos clavados en los míos. La canción había terminado, sin embargo la voz de Joe sonó clara, hermosa.
Lucky I'm in love with my best friend
Lucky to have been where I have been
Lucky to be coming home again.
Con su mano libre rodeó mi cintura, atrayéndome a él.
They don't know how long it takes
Waiting for a love like this
Every time we say goodbye
I wish we had one more kiss
I wait for you I promise you, I will.
Sentí su aliento sobre mis labios cuando murmuró:
“Lucky I'm in love with my best friend”
Y mi corazón se detuvo.
***************************************
Un sonido agudo inundó el ambiente y nos separamos, sobresaltados. Era la alarma que Joe había programado para saber cuándo podríamos hornear la pizza. Por unos segundos, solo nos quedamos allí, frente a frente, en silencio. Sentí el rubor extendiéndose por mis mejillas y desvié la mirada, pero pude notar la sonrisa de Joe.
-Amo cuando te sonrojas- expresó, haciendo que me ruborizara aún más.
“¿Qué rayos está sucediendo?” Ya no entendía nada.
-_____ ¿Podrías alcanzarme la sartén con la salsa por favor?- preguntó Joe, sacándome del trance en que me encontraba.
-Claro- respondí e hice lo que me pedía.
-Wow Joe. Esto huele delicioso- dije.
Mi amigo me miró.
-¿Por qué no la pruebas y me dices si te gusta?- me preguntó, alzando una ceja. Lo ví agarrar una cuchara y cargarla con el liquido. Esperé a que me la tendiera.
-Abre la boca- ordenó. Y obedecí.
-Mmmm…Deliciosa- dije cuando la salsa se deshizo en mi boca.
Joe soltó una carcajda.
-¿Qué sucede? ¿De qué te ríes?- pregunté.
-Es que tus labios están teñidos de salsa.
Avergonzada busqué una servilleta pero antes de que pudiera limpiarme, Joe me la quitó de la mano.
-Deja que yo me encargo- expresó con una enorme sonrisa.
-Yo puedo hacerlo Joe. No tengo 4 años- protesté.
-Insisto.
-Está bien- me rendí.
Sorprendida lo observé arrugar la servilleta y arrojarla al tacho.
-¿Pero qué…?- empecé.
-Conozco un método más efectivo- explicó y tomando mi rostro entres sus manos, me besó.
Fue un beso maravilloso, increíble, mágico. Mejor de lo que jamás hubiese podido imaginado. Sus labios eran suaves y se movían gentiles sobre los míos, saboreando, disfrutando. Pidiendo y dando. Mi cabeza comenzó a girar y mis piernas amenazaron con ceder bajo mi peso. Desesperada me aferré a Joe, en busca de estabilidad. Sus brazos rodearon mi cintura, otorgándome un firme apoyo. Y me abandoné a él.
Al cabo de unos minutos, nos separamos, necesitados de aire. Sus mejillas estaban coloreadas, y sus ojos brillaban. Una gran sonrisa se extendía por su rostro.
-Mucho mejor- expresó y me guiñó el ojo.
**************************************
-Joe ¿Quieres explicarme porque me has vendado los ojos?- pregunté.
-¿Alguna vez has escuchado que la comida sabe mejor con los ojos cerrados?
-¿Alguna vez te han dicho que estás loco?- me burlé.
-Estaré loco pero tú- dijo señalándome- me quieres.
-Lo que digas Joseph- ironicé, intentando restarle importancia a su comentario.
“Ay Dios mío, que no se haya dado cuenta” recé.
-¿Cuándo lo vas a admitir?
-¿Qué?- pregunté con el corazón latiéndome a una velocidad supersónica.
-Que me quieres.
-¡Claro que te quiero! Eres mi mejor amigo- respondí.
-¿Entonces por qué me besaste?
-¡Yo no te besé! Tú me besaste a mí- protesté.
-Pero no te apartaste- insistió.
-¿Piensas mantenerme con los ojos vendados todo el día?- pregunté en un desesperado intento por cambiar de tema.
-Déjame pensar….- respondió.
-¡¡JOE!!
-¡Pero qué impaciente eres!- se quejó.
- Puede ser. Pero tú me quieres así- repetí. Dos pueden jugar el mismo juego ¿no?
-Es cierto-susurró junto a mi oído. Touché.
Y lo escuché alejarse, para regresar, minutos después.
-Bien. Es la hora de la verdad- dijo y me entregó una porción de pizza. La probé. Estaba deliciosa.
-Woow- dije.
Joe soltó una carcajada.
-Supongo que eso significa que está rica.
-Puedes apostar- contesté. Me llevé una mano a la venda que cubría mis ojos y tiré para deshacerme de ella. Pero Joe me detuvo.
-Aguarda.
-¿Qué?- pregunté.
-Aun queda una última cosa que probar- respondió. Y sus labios rozaron los mios.
******************************
HORAS MÁS TARDE
-Mmm. ¿Sabes? – dije mordiéndome el labio- Creo que la cocina se ha convertido en mi nuevo hobby.
-¿En serio?- preguntó Joe alzando una ceja- Pues yo he encontrado uno nuevo.
-¿Cuál? ¿Limpiar?- solté señalando el desastre que habíamos armado- Porque eso sería muy útil considerando…
No pude terminar la frase porque los labios de Joe cayeron sobre los míos, con un beso que me dejó sin aliento.
-Besarte- murmuró.
No hay comentarios:
Publicar un comentario